La ferritina es una proteína intracelular, especialmente abundante en el tejido hepático, que tiene como misión la de “almacenar” el hierro que se acumula en las células para que éste no pueda hacer daño donde no debe. Cuando se produce un incremento del hierro intracelular “sobrante” se induce por complicados mecanismos la síntesis de una mayor cantidad de ferritina, de forma que dicho hierro sobrante pueda ser almacenado. Una pequeña cantidad de ferritina se halla circulante en el torrente circulatorio. Desconocemos la función de dicha ferritina circulante, pero resulta de un indudable interés práctico constatar que la concentración de ferritina circulante mantiene una estrecha relación con la ferritina intracelular. Dicho de otro modo, el nivel de ferritina circulante es una medida indirecta del nivel de ferritina intracelular y ésta nos informa de la cantidad de hierro almacenado en el organismo. De todo ello se deduce que la ferritina circulante nos sirve para inferir la cantidad de hierro corporal y, por tanto, si éste está en déficit o en exceso.
Muchos experimentos y la experiencia clínica de años nos han enseñado que los niveles bajos de ferritina circulante nos ayudan enormemente al diagnóstico del déficit de hierro (ferropenia). Cuando una persona tiene anemia basta medir su nivel de ferritina para (si éste es bajo) poder diagnosticar si la enfermedad se debe a déficit de hierro. En este sentido, la medida de la ferritina circulante ha supuesto un tremendo avance para la medicina. Hasta aquí las buenas noticias, las malas noticias empiezan precisamente en la sobrecarga de hierro.
Como hemos comentado, la síntesis de ferritina se estimula con el incremento del hierro corporal, pero también se estimula por una seguna señal, la inflamación. La ferritina pertenece a un selecto grupo de substancias denominadas genéricamente “reactantes de fase aguda”. Se trata de compuestos que se sintetizan en gran cantidad cuando el organismo está en peligro, cuando aparece el estrés. La misión de muchos de estos compuestos es precisamente la de defender el organismo de aquello que ha producido el desorden (un traumatismo, una infección, etc). Se desconoce el por qué es necesaria la síntesis de ferritina en estas situaciones, pero el hecho es que en situación de inflamación (y sobre todo cuando la inflamación afecta al tejido hepático) incrementa mucho la síntesis de ferritina y, asimismo, el nivel de su forma circulante. De ello se deduce que el encontrar la ferritina alta en un paciente no es prueba suficiente de que éste sufra sobrecarga de hierro. El ascenso en el nivel de ferritina puede deberse también a la presencia de inflamación.
Es frecuente hallar personas con niveles de ferritina altos. En un estudio realizado por nuestro equipo (y que ustedes pueden consultar entre nuestras publicaciones en esta misma página web) 5 de cada 100 hombres de más de 50 años en España tienen un nivel de ferritina superior a 500 microgramos/L (que es un nivel francamente alto). Algunos estudios realizados por nuestro equipo y otros demuestran que en la mayoría de esos casos, dicho nivel de ferritina no corresponde a una sobrecarga real y grave de hierro. Parece que las personas que sufren una frecuente afección denominada dismetabolismo (personas con tendencia a la obesidad y a la hiperglicemia, con alteración en el metabolismo lípídico y mayor propensión a la enfermedad cardiovascular) presentan niveles elevados de ferritina sin sufrir una importante sobrecarga férrica. También personas con alteraciones del hígado u otras enfermedades pueden presentar niveles en ocasiones muy altos de ferritina. Así pues, la ferritina no es un buen marcador de sobrecarga férrica, aunque suele ser el mejor que disponemos en la actualidad.
Otra situación en la que los niveles de ferritina desempeñan un gran papel es en el seguimiento clínico de los pacientes con transfusiones repetidas de sangre. La sangre transporta gran cantidad de hierro que no puede eliminarse por vías fisiológicas, así que en las transfusiones se acumula gran cantidad de hierro en el organismo. Como explicamos en otros apartados de esta página web, es necesario iniciar en estas personas tratamiento quelante (un tratamiento médico que permite eliminar hierro sin detener las transfusiones) y suele ser el nivel de ferritina el indicador que nos permite saber en qué momento iniciar dicho tratamiento. Suele escogerse una cifra de ferritina de 1000-2000 microgramos /L para iniciar los procedimientos de quelación. De todos modos, un buen sistema para evaluar lo mismo es simplemente contar el número de transfusiones realizadas. Un número superior a 20 unidades (10 transfusiones) es indicativo para iniciar tratamiento quelante. Una vez el tratamiento se ha iniciado, los niveles de ferritina nos pueden servir para valorar el seguimiento del misimo.
Como se puede apreciar en este apartado, no es sencillo valorar los niveles elevados de ferritina. Recientemente se ha incrementado el grado de complejidad de este tema, al descubrirse un nuevo tipo de hemocromatosis hereditaria (tipo IV) también denominada enfermedad de la ferroportina, en la que el paciente experimenta elevación muy importante de ferritina sin transtorno de la saturación de la transferrina. Nuestro grupo ha diagnosticado dos familias en España con este transtorno y presencia de mutaciones nuevas del gen de la ferroportina no descritas con anterioridad (ver apartado de bibliografía). Se trata de una enfermedad muy poco frecuente, pero que requiere de un diagnóstico y seguimiento muy especializado y explica algunos casos familiares previamente inexplicables.
Como resumen podemos decir que un nivel alto de ferritina no suele corresponder a un trastorno grave. Incluso muchas veces no se debe a sobrecarga de hierro. Pero todo caso debe ser estudiado con atención para llegar a un diagnóstico correcto e iniciar el tratamiento adecuado.




